Skip to main content
Otras

"Estoy cada día más cómodo"

Entrevista a Toni Dovale

Toni Rodríguez Dovale es un activo del club. Un futbolista de un pasado reciente envidiable. Actor principal del Celta emergente con la mirada en A Madroa, disputó las dos temporadas pasadas en Primera y se formó previamente en La Masía. Un ejemplo de clase y bonhomía.

¿Qué valoración realizas de estas primeras semanas en el Club Deportivo Lugo?

Bastante positivas. Cada día me encuentro más adaptado al grupo, más adaptado al club y, sobre todo y fundamentalmente, al míster. Como todos sabemos, el equipo tiene una filosofía de juego muy arraigada debido a que el míster lleva muchísimos años aquí. Evidentemente, esa fidelidad al sistema y la forma de trabajar me ayudan mucho y me atraen mucho. Requiere un período de adaptación, lo estoy llevando bien, cada día más cómodo y con la intención cada día de dar un poco más. 

¿Qué le hace especial al club respecto a anteriores etapas de tu carrera?

Afortunadamente, siempre he estado en clubes serios. La seriedad es, quizás, la principal identidad de Carlos (Mouriz). Tanto él como el míster llevan muchos años haciendo las cosas de la misma manera, con una seriedad que desgraciadamente es fuera de lo común en este país, en este deporte y en esta categoría. Destacaría la seriedad tanto en la parte deportiva como en la económica.

¿Qué referencias tenías del equipo previamente?

Las referencias que tenía del Lugo eran, evidentemente, muy buenas. En anteriores temporadas, había habido una posibilidad muy alta de que yo hubiera venido aquí. De hecho, me fui a Portugal de pretemporada con Luis Enrique la temporada pasada y dejo las maletas hechas en mi casa. Mi casa estaba vacía. Pensé que sería cuestión de un par de días que se hiciera. Por lo que es el fútbol y la vida, las cosas cambian. Anteriormente, yo había seguido al Lugo desde la época de Segunda B, precisamente por el míster y por la forma de jugar. Una vez que hablé con Carlos (Mouriz) y empecé a pedir referencias me encontré con algo que no era muy habitual en la categoría: esa seriedad sin vivir por encima de las posibilidades de uno mismo y que ha desembocado en la situación que tenemos en muchos clubes del fútbol español. Mucha gente me dio buenas referencias de Carlos, mucha gente me dio buenas referencias del míster. En esta ocasión, cuando empecé a entrenar en enero, no pedí referencias a nadie. Antes de tomar una decisión, sí hablé con algunos compañeros como Mario Bermejo, que viene aquí con frecuencia; con Borja Oubiña; con Sergio (Álvarez); con Javi Varas; con Álex (López); con gente de mi entorno. Ellos supieron mi decisión antes que el resto.

¿Cómo te describirías como jugador?

Soy un jugador que trato de hacerlo lo mejor posible. Soy un jugador que una filosofía como ésta, en la que prima tener el control del partido, la posesión y llevar la iniciativa del juego, le viene bien. Trato de mejorar cada día en la parte más importante del fútbol, que es la toma de decisiones. Tengo la suerte de tener un entrenador que en su etapa profesional destacó por eso. Es en lo que más he trabajado en los últimos años y en lo que mayor crecimiento puede dar un jugador.

Con doce años te marchas desde tu A Coruña natal a La Masía, la cantera del Barça. ¿Cómo valoras esa etapa?

Una etapa muy bonita. Imagínate para un chico de doce años que le vengan todo un Barcelona y todo un Real Madrid. Fue un bendito dilema. Evidentemente, valoré mucho quedarme en A Coruña. Se dijeron muchas cosas en aquella época sobre mí, sobre mi familia. La única realidad es que cuando te llama un club como el Barcelona o el Real Madrid y en el club de tu ciudad, en aquel momento, no había ni siquiera una ciudad deportiva ni una estructura de categorías inferiores como hay hoy en día, pues no hay demasiado que añadir. En ese sentido, tuve que dar ese paso. Me hubiera gustado haber vivido unos años más en casa con mi familia ya con unas categorías inferiores desarrolladas, con una ciudad deportiva a pleno rendimiento. En aquella época, eso no existía. Estoy muy contento con la decisión que tomé. Tuve la oportunidad de jugar con grandísimos jugadores, vivir experiencias increíbles, conocer muchos países, seguir estudiando y formándome hasta la carrera, con la que sigo todavía. Fue una experiencia inolvidable. No me arrepiento para nada. Probablemente, gracias en parte a eso, cumplí algunos de mis sueños, como ser jugador profesional, jugar en Primera y Segunda y competición internacional en la Concacaf Champions League.

¿Cómo recuerdas tu entrada en la cantera del Celta con dieciséis años y toda esa etapa hasta el debut con el primer equipo?

Algo muy bonito. Quería jugar cerca de casa. Tenía ofertas de otras partes de España. Llevaba cuatro años muy lejos de casa. Mis padres viajaban, prácticamente, cada viernes por la noche mil kilómetros en coche sin dormir para verme jugar el sábado. Maté y Álex Martínez fueron quienes me ficharon. Pasé a jugar en el equipo de División de Honor. Al año siguiente, me dieron la oportunidad de jugar en el filial. El último año de División de Honor fue realmente bueno con Guillermo Fernández Roma, donde hicimos la mejor temporada de la historia del equipo. Cuando acabé mi época juvenil, empecé la pretemporada con el Celta B, hubo la venta de Kamel Ghilas al Hull City y Eusebio me llamó para incorporarme a la pretemporada con el primer equipo. Algo le llamó la atención de mí. Otros compañeros volvieron al filial. Yo me fui quedando y debuté en la primera jornada de Liga. ¡Imagínate! ¡Tres meses antes estaba jugado en césped artificial con el juvenil!

Después de tu cesión en la Sociedad Deportiva Huesca, vuelves al Celta como protagonista del ascenso en 2012 después de cinco temporadas del club en Segunda.

El año en el que me fui al Huesca me costó entrar, una vez que se fue Eusebio. Pensé que lo mejor era una salida para coger minutos. Individualmente, salió muy bien, fui un jugador importante en Huesca. Hicimos una muy buena temporada, histórica para el club. Tuve la mala fortuna que el Celta no subió, se desinfló. Lo que en principio a nivel colectivo era una desgracia, me dio la oportunidad de tener opciones de ser un jugador más importante en el Celta. En el año siguiente, con Paco Herrera, ya soy un jugador importante en la categoría y ganando ocho de los nueve últimos partidos. Hicimos un final de temporada increíble. Esta categoría es dificilísima y larguísima. Lo que hicimos fue una auténtica locura, una barbaridad. Con el Deportivo y el Valladolid, éramos tres equipos fortísimos. Teníamos muy buenos jugadores y un gran entrenador. Fue un año de consagración para mí. Fue inolvidable la comunión con la afición después de tantos años duros. Hoy día, es el recuerdo más bonito de mi carrera.

¿Te benefició el cambio de estilo de Paco Herrera de una temporada a otra? Del contragolpe con De Lucas y David Rodríguez a la posesión.

Por supuesto que me benefició. El primer año era un equipo diseñado para contraatacar, vivir de los errores del rival. Teníamos una contra mortal, principalmente con Quique (De Lucas) y David Rodríguez con Trashorras de lanzador. Era muy efectivo. El equipo estaba bien y yo no acababa de entrar. Al año siguiente, es cierto que cambamos la forma de jugar. Apareció Iago (Aspas) con más ímpetu como delantero. El equipo cambió, quería dominar los partidos y se quería ganar a través de la posesión. Me empecé a encontrar mucho más cómodo. En la segunda vuelta, en vez de aflojar como el año anterior, fue todavía más fuerte y más sólido. Ganamos en confianza. Era nuestro momento.

¿Quiénes fueron los compañeros que más te impresionaron?

He tenido grandes referentes de lo que debe ser un profesional tanto dentro como fuera del campo. Borja Oubiña es ahora un gran amigo y es un referente por su forma de trabajar, por su forma de vivir la profesión. Me abrió los ojos. Conocer a Borja fue un descubrimiento. Sergio Álvarez, con el que jugué mucho tiempo en el filial, desde el primer momento fue un ejemplo. Cuando yo era juvenil y él estaba en el Celta B, vivía cerca de mí. Me invitaba a ver la Champions porque no teníamos Canal Plus. Nos invitaba a mí y a otro compañero a pizzas. Pagaba él (se ríe). Mario Bermejo fue mi compañero de habitación durante cuatro temporadas, es un gran amigo y me demostró lo que debe ser un profesional en las situaciones buenas y malas. Esos tres ejemplos, junto a Javi Varas, son mis referentes.

Entre 2012 y 2013 disputas 26 partidos en Primera con el Celta. ¿Cómo valoras esa etapa?

Muy positiva. Un sueño cumplido. Desde que debuto en la primera jornada contra el Málaga en Balaídos es algo que siempre había anhelado conseguir. Una vez que lo consigues, no te vale. El partido se nos escapó al final y llegué enfadado a casa. Mis padres y mi novia no lo entendían. Se me quedó grabado. Al final, uno nunca está conforme, siempre quiere más. Con el tiempo, lo recuerdo como algo muy bonito y muchísimo cariño tanto la primera como la segunda temporada. Jugué en campos increíbles, contra rivales increíbles y contra jugadores increíbles.

Juegas en la inauguración oficial del nuevo San Mamés y compites también en el viejo.

Efectivamente. Es una fecha importante. Tanto el viejo como el nuevo son los dos campos que más me han impresionado jugando.

Durante el año natural 2014 juegas en la primera liga estadounidense, la Major League Soccer (MLS) con el Sporting Kansas City. Es una competición en auge. ¿Qué conclusiones destacas de tu estancia deportivamente? ¿Cómo describirías ese fútbol?

A nivel deportivo, es competición muy interesante. El límite salarial es igual para todos los equipos y hace que sea una competición súper igualada, no como en España. Cualquier equipo, a priori, puede ser campeón porque invierte la misma cantidad de dinero en sus jugadores. Evita diferencias. El nivel de juego es muy elevado, es una liga muy física, parecida a los países británicos. Son jugadores muy rápidos, muy grandes y muy físicos. Tácticamente es quizás donde más lagunas tienen. Los partidos son de ida y vuelta, hay mucho correcalles. A la gente le gusta ese ritmo, es muy atractivo para ellos. A nivel estructural, es otra dimensión. Las ciudades deportivas son grandiosas. Aquí solo pueden ser comparadas al Real Madrid o Barcelona.

¿Cuál es el jugador de élite en el que siempre te fijaste desde crío?

Yo me fijaba mucho en A Coruña en Fran porque era un referente para todos los chicos gallegos y coruñeses; Mostovoi, porque mi padre era un admirador suyo desde que tengo uso de razón; y, luego, una vez que llego a La Masía, evidentemente el mejor jugador que he visto jugar y al que me he enfrentado es Leo Messi. Me fijaba mucho en Riquelme, me encantaba. Siempre que había cualquier excusa para no ir al colegio bajaba al campo de entrenamientos a verlos solo por Riquelme e Iniesta.

¿Cuál es el jugador rival al que más te ha costado superar o defender?

El defensa "Migue" (Miguel Ángel González González), del Alavés, cuando jugué contra el Girona dos o tres veces. Era muy intenso y complicado de sobrepasar. Era muy incómodo y muy difícil. También, Carlos Bellvís es, probablemente, el lateral izquierdo más incómodo, más pegajoso con el que he jugado a favor y en contra. Incluso más que Migue. Es fuerte, utiliza muy bien los brazos, es muy intenso. 

Image